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Era un día caluroso, como de costumbre.
A través de la meseta se encaminaba un caballero con mucho trayecto tras de sí.
Su caballo blanco, honra de un caballero, se había resistido a seguir y cayó exhausto,
abandonando a su amo. El caballero hizo lo que tenía que hacer y siguió su camino sin
resignación.
Había muy poca vegetación en lo que era casi un desierto y caminando a paso firme le
acompañaban algunas aves que merodeando, surcaban la profundidad del cielo. Le hacían
sentir menos solo.
Después de varios días de camino, ante un sol abrasador, una figura con triste solera se le
acercó. Cruzándose los dos, se paró el desconocido obligando al caballero a parar.
»Aún queda mucho por caminar, caballero«, dijo el desconocido.
»¿Por qué dices eso? y, ¿quién eres tú? «
»A veces es difícil reconocer a alguien que ha estado contigo durante toda una vida. ¿Es qué
no te has escuchado? ¿por qué sigues tan obcecadamente?«
»Nada está más lejos que el horizonte. Pero aún estando tan lejos tendría que seguir. Es mi
honra la que dicta esta sentencia.«
»¿Honra? ¿qué es la honra sino un complemento innecesario del ser humano?«
»¿Y qué sería un caballero sin su honra sino un perro sin su dueño? Pero la jornada hay que
ganarla y aún no me has contestado a mi pregunta. ¿Quién eres tú? ¿quién es ese misterioso
ser que debería haber reconocido?«
»Ah, pobre diablo, ¡no soy más que tu cansancio!«
»¿Mi cansancio dices? Ahora entiendo la vitalidad que envuelve mi cuerpo desde hace unas
horas y me alegro; me alegro de que no me pertenezcas más. ¿No eres tú acaso el que hace
que los caminos sean más largos de lo que son? Sin ti, el camino se me hará más corto, mi
meta más cerca; y, a decir verdad, el no sentirte me da más comodidad para el viaje. Algo
que agradezco.«
El caballero se dispuso a seguir su camino que tanto deseaba, pero el cansancio le
preguntó:
»¿No temes a la muerte?«
»¿Por qué he de temerla si no la conozco? ¿Te has muerto tú alguna vez?«
»La hermana muerte y yo somos viejos amigos. Pocas veces nos entendemos pero al fin y al
cabo amigos. ¿Nunca te has aliado con tu enemigo?«
»¿De qué serviría eso? Siempre hay algo por lo que luchar.«
»Y, ¿tu honra de caballero? ¿Serviria de algo que fuese leyenda estando muerto?«
»¿Qué es la vida sino una forma más de lucha? Si no tengo nombre, no tengo honra, sin honra
no soy caballero y, si no soy caballero...entonces...¿Qué sentido tiene la vida?«
»Aún estás a tiempo, caballero. ¿No es cierto que yendo más despacio se llega a cualquier
sitio?«
»¡Despacio! hay tantas cosas que hacer...aún teniendo una vida de ventaja, parece a veces
que es poco tiempo.«
Se miraron profundamente. Una mirada profunda que no cambiaría el destino ya prescrito.
»Lo siento, pero tengo que proseguir mi camino.« concluyó el caballero.
Y miró el horizonte, donde las montañas rojizas rompían la armoniosidad del cielo. El calor
apretaba y ninguno de los dos lo acusaba.
»Hasta otra. ¡qué lo lleves bien en tu nuevo mundo!« Y sin mediar más palabra prosiguió el
caballero su polvoriento y rocoso camino.
El cansancio le vio alejarse mientras su ya débil espectro se desvanecía en un mundo
demasiado grande para él.
Igualmente se desvanecían sus últimos pensamientos que interpretaban la peculiar
decisión de su último amo: morir hasta reventar.
No muy lejos de allí, un caballero agonizaba boca arriba contemplando exhausto el cielo. En
su último suspiro le pareció ver al diablo surcando el cielo, que no era más que un buitre
esperando su carroña.
Y a muy pocos metros del agonizante, se encontraba alguien que se acercaba, con mucha
paciencia. Tenía un curioso vestido negro y su cara...recordaba a alguien. De haber estado
allí, el cansancio le hubiese reconocido.
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